lunes, 25 de julio de 2011

Primer fin de semana en Ocurrí



Aquí es domingo por la noche y como no tenemos televisión, ni radio, ni otra distracción, hemos pensado que vamos a compartir con vosotros lo que hemos vivido en este fin de semana (hay que estar chungo pa esto!).

Después del intenso trabajo de la semana pasada, casi cien pacientes atendidos en cuatro días, el fin de semana se nos presenta como una oportunidad para descansar, poner las cosas en orden y, si es posible, hacer alguna escapada por los alrededores...y de todo eso hemos tenido un poco.

No recordamos bien quién desencadenó la fiebre de la limpieza en casa, parece que fue Isa la que tuvo la brillante idea de decir: “me parece que voy a lavar la ropa” y a partir de ahí el frenesí; Almudena ha cambiado su ritmo: es la primera en despertarnos con el cacharreo del fregadero, limpieza de aseos, etc... Félix enfundado en sus guantes amarillos (que por cierto no eran de el, como luego se verá) deja la cocina niquelada, mientras Angel le lava los calzones.

A lo lejos escuchamos música desde el altavoz de la Iglesia. Bajamos hacia el centro y hablamos con el párroco quién nos comenta que una vez al mes se celebra misa en la comunidad. La Iglesia esta llena de santos. Félix entona a la perfección los cánticos ceremoniales “señor ten piedad...” Decidimos acercarnos al ayuntamiento, que estaba cerrado para intentar pillar WIFI (el único lugar donde se pilla) y poder enviaros noticias, como así fue. Aprovechamos para solearnos (tomar el sol) y pronto se hace la hora de comer (aquí se come a las 12).

Por fin! Después de seis días en Ocurrí vamos a poder echarnos la siesta!! Subimos a casa y...MAS PACIENTES!!!! Nos miramos a los ojos y dijimos, ¿Qué hacemos? Saben donde vivimos, o les atendemos o se nos meten en casa jajaja. Pues nada, como vienen de muy lejos solamente para vernos, decidimos atenderlos; por ejemplo a Luis, minero que trabaja 12 horas diarias, aguantando a base de hoja de coca y que viene para tratarse de una cefalea intensa. Otro paciente, Pedro, igual que un duende de cuento, con una sonrisa feliz, después de ser tratado por Almudena, sus primeras palabras fueron “me has quitado un peso de encima, soy feliz”.

Ya en casa y sin siesta! Se vivió un momento de bajón femenino: ay mi marido! Ay el barco! Ay mi novio! Que buena gente é mi novio!...y Félix y yo decidimos ir a la calle a comprar cebollas. Una vez en la tienda pensamos, y por qué no les regalamos algo para levantarles el ánimo. Ya en la tienda, comentamos, por qué no les regalamos unos guantes amarillos para fregar platos y mantenerlas ocupadas (eso siempre despeja la mente). Dicho y hecho, tamaño mediano, no nos vaya a salir mal la jugada. Recapacitando sobre nuestra actitud, compramos un par de bolsas de patatas fritas, para compensar la mala idea que habíamos tenido.

Ya en casa vino Julia (IPTK), que había salido a pasear con su mascota: un búho con el que nos hicimos algunas fotos.

Al día siguiente el trabajo obliga y, coordinados por Almudena, revisamos los historiales de la semana. Repasamos síndromes (si Julia-MTC, también hacemos eso! jajaja) Nos encontramos sobre todo con determinados perfiles que van tomando forma: personas con insuficiencia de Qi de Corazón y Riñón, con problemas digestivos, reumáticos, cefaleas tensionales, emocionales, con mucho frío, etc. Muchas veces limitados por el idioma, en alguno de los casos nos resulta muy complicado hacer un buen diagnóstico y en esas situaciones hacemos lo que podemos. Sin embargo, hay otros en los que disfrutamos mucho de buenos diagnósticos y tratamientos. En todos ellos encontramos una entrega y unas enormes ganas de curarse.

Seguiremos reuniéndonos y avanzando en nuestros análisis de casos, completando de esta forma el trabajo en consulta.

Félix y yo salimos a caminar por las cumbres donde encontramos un cabritillo perdido que devolvimos a su pastora. Mientras Isa y Almudena se pintan estrellas en las uñas con las compañeras de IPTK. Ya en la cena, Ángel se pelea con al que consigue reducir y hacerlo al ajillo.

En esa noche fría el saco fue nuestro refugio y chinpón nos dormimos.

Domingo

Decidimos hacer una excursión a unas aguas termales más allá de Maragua, así que contratamos una movilidad (transporte) para llegar hasta allí. Serafina, Julia, el chofer y su hija nos acompañan. Los ocho salimos en un monovolumen Toyota de ocho plazas rumbo al Spa.

A la hora de viaje, por una pista de tierra infernal, el conductor detiene el vehículo, “¿Qué haces?” pensamos nosotros... Sin mediar palabra nos dice “echaros pa un lao no mas” y sube a otros tres con sus respectivos bultos. Isa frunce el ceño. Almudena pide que baje las ventanillas. Félix flatula. Ángel hace fotos como poseso. Ya somos once! Y continuamos. Y en nuestras mentes, cuántos más subirán? Ya solo queda llenar la vaca del coche. Reíros de los acantilados de España, esto es otra historia. Solo hay espacio para un coche y la vertiente da vértigo. Llamas, toros, burros, ovejas, perros se cruzan por la carretera complicando más el viaje.

Llegamos a Maragua. Almudena en la plaza toca un charango, Félix baila y el pueblo perplejo ríe ante el espectáculo. Una hora más tarde llegamos a las termas. Flipa colega con lo que nos encontramos! Cruzamos el cauce del río y en la otra vertiente, arriba en la montaña, vemos unas ruinas de piedra y nos dicen que es ahí. QUE ESPECTÁCULO! Cuando llegamos...unas piscinas de piedra que reciben el agua caliente de un manantial. Hemos disfrutado de un baño termal auténtico a más de 3000 metros. Nos costó salir del agua. Mirar, de la vuelta mejor no os contamos más. A la dificultad del camino se añade el sol de frente en las curvas de herradura.

Pero aquí estamos, con vosotros compartiendo estos días de descanso que hemos tenido.

Mañana reanudaremos nuestro trabajo en el hospital y en el IPTK.
Almudena, Isa, Félix y Ángel